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José Agustín Silvestre. Archivo.

Por Olivo De León

Secretario general del SNTP

Especial/Caribbean Digital

SANTO DOMINGO./ El título de la obra de Gabriel García Márquez “Crónica de una Muerte Anunciada”, se adapta perfectamente al caso del secuestro y posterior asesinato, el 2 de este mes de agosto de 2011,  del productor de televisión y editor de la revista “La Voz de la Verdad”, José Agustín Silvestre, de La Romana.

José Agustín Silvestre. Archivo.

No era un secreto para nadie lo que se tramaba contra Silvestre y el primero en  saberlo era él, por eso, previo al hecho, se reunió con tres de sus hijos,  a quienes les dijo de dónde vendría su muerte, quiénes serían los responsables y les pidió que lo vengaran.

La  “convicción“ de su muerte no sólo le venía de la forma agresiva en que asumía las denuncias que formulaba en su programa de televisión y en su revista, de enfrentamientos con particulares y de su temperamento violento, sino de los atentados que ya había padecido y los sometimientos y los ocho días de prisión que hace apenas dos meses sufrió por las acusaciones que por difamación e injuria  sometió en su contra el fiscal de La Romana, José Polanco. Ramírez

Este funcionario lo sometió porque el comunicador los acusaba de nepotismo , de corrupción, de supuestos nexos con  el narcotráfico  y de cometer otras irregularidades en sus funciones, tales como la de haber cobrado una alta suma de dinero en el Ministerio de Educación por concepto de maestro, función que nuca ejerció.

Entre esos atentados, que él mismo denunció,  también se encuentra la persecución que sufrió el 24 de julio por parte de individuos que se desplazaban en un vehículo todoterreno y de la cual se salvó al transitar por  una vía contraria y guarecerse en un supermercado.

Además de  la agresión a golpes de que fue objeto por parte de Martina Encarnación, esposa del fiscal de La Romana y jueza de esa jurisdicción, por la cual se querelló el comunicador social.

Aunque  sus contantes denuncias contra la corrupción de funcionarios y otros temas,  le habían creado muchos frentes, es posible que el detonante  que  le costó la vida al productor de televisión y editor de la revista  La Voz de la Verdad fueran los trabajos que publicó en la última edición de este impreso.

En él Silvestre publicó los cuerpos de  tres personas, de quienes describía su ocupación, algunas características y dedicación, y los acusaba de cometer crímenes, delitos y otros hechos  deshonrosos,  además de que prometió publicar sus imágenes completas, cuerpos y cabezas en la edición que debía salir el sábado seis de agosto.

Pero José Agustín, mejor conocido como Gajo entre sus amigos, no pudo, ni podrá jamás formular más denuncias, ni dar a conocer esos ni otros nombres, pues  alrededor de las 7:30 de la  mañana del dos de agosto fue secuestrado y asesinado, para lo cual sus asesinos se los arrebarataron  a un nieto de diez años de edad que le acompañaba a buscar el vehículo que guardaba en los parques de un hotel de La Romana.

Asimismo, existe una tesis que postula que los asesinos de Gajo no pretendían darle muerte de inmediato, sino que primero lo torturarían con  el objetivo de sacarle el origen, las fuentes  que le proveí de las informaciones que publicaba.

Sin embargo, la actitud valiente del comunicador social, quien se le enfrentó, nokeó  a uno de sus atacantes y se enfrentó al otro con coraje, provocó que los otros dos que aguardaban en  el vehículo salieran y le dispararan en el vientre para poder dominarlo y meterlo al vehículo todoterreno.

Ese disparo podría haberle causado la muerte a Gajo o dejarlo inconsciente y desangrándose, situación por lo cual sus atacantes no habrían podido interrogarlo, torturarlo y habrían decidido dispararle al cuello y lanzarlo en la comunidad de El Peñón, próximo a San Pedro de Macorís.

Así terminó la vida de este controvertido comunicador social, que de joven fue firmado como pelotero, pero que la condición era someterse a entrenamientos durante seis meses en La Marina de Guerra Dominicana, pues aún los equipos de beisboll de Grandes Ligas no habían escuelas en el país, a lo cual se negó, por lo que vio tronchada su carrera en el mundo deportivo.

Sin embargo, se desempeñó como maestro de cocina, un gran chef cuya labor siempre puso al servicio de Casa de Campo, en La Romana, hasta que fuera enviado a trabajar a Estos Unidos a otros de los negocios de esa corporación internacional.

Posteriormente Gajo regresó a República Dominicana y se instaló en Santiago de los Caballeros con su familia, pero La Romana siempre fue su vida, por lo que decidió arrendar un espacio en Caña TV para producir el programa “La Voz de la Verdad”, que después también llevó a una revista impresa.

A su muerte, a la edad de 59 años,  dejó 12 hijos con alrededor de ocho mujeres, y nueve nietos.

El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) reitera su pedido a las autoridades para que determinen las responsabilidades materiales e intelectuales de este hecho y se les aplique todo el peso de la ley, de manera que situaciones como estas no se repitan

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