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Alejandro Almánzar.

Desde Mi Ventana Óptica

Por Alejandro Almánzar

Especial/Caribbean Digital

NUEVA YORK./ Como diría un católico, “la Iglesia en manos de Lutero”, para referirse a que determinada institución está en manos equivocadas. Y a propósito de falsos abogados, sería bueno preguntarnos, ¿En manos de quiénes, está la justicia dominicana?

Alejandro Almánzar.

Es peligroso que alguien ejerza la medicina, sin conocer las cátedras de Hipócrates, como que un ingeniero carezca de los fundamentos necesarios para construir edificaciones, con lo cual podría provocar catástrofe de impredecibles consecuencias, pero peor aún, que alguien valiéndose de artimañas, obtenga un título de abogado.

Un simulado profesional del Derecho puede hacer tanto daño social, como la delincuencia misma. El perjuicio sería insignificante, si en su labor como tal, sólo se dedica a llevar casitos de riñas barriales a los tribunales, aquellos que se conocían como (Pica Pleitos), donde lo criminal y penal no es el marco de referencia.

Podríamos afirmar, que ese pica pleito, bien formado en su hogar, ejercería su oficio con mucha dignidad, a pesar de sus limitaciones académicas. El asunto es, que muchas veces la politiquería conduce a estos patanes a posiciones muy sensitivas, donde pueden crearle mucho malestar social al país.

Algunos de esos impostores están aplicando justicia, sin conocer nada sobre la ética de la profesión del Derecho, por eso no nos extraña el derrotero de violencia y criminalidad que lleva nuestra nación. A los abogados les están reservadas funciones muy delicadas, que van desde un simple ayudante fiscal, juez de Paz hasta consultor Jurídico del Poder Ejecutivo, Procurador general de la República, Fiscales, y lo más importante, presidentes del más Alto Tribunal de justicia.

Individuos llenos de ambición, con una pobre formación de hogar y académica, teniendo el poder de invocar  nuestra Constitución y las leyes, se convierten en un peligro público para la sociedad. Creemos que dichas posiciones no pueden estar reservadas para este tipo de persona.

Si alguien no tiene escrúpulo para auto titularse de un oficio, es poco probable que lo tenga para obrar a favor de la colectividad que dice representar. Su indelicado accionar puede hacer más daño que la medicina ejercida por un impostor de la ciencia hipocrática, o por el derrumbe de una edificación, construida por la mano inepta de un “ingeniero” titulado mediante fraude.

Creemos en la reivindicación de los individuos, pero debe ser preocupante para los ciudadanos de bien, que tanto la Policía Nacional, como la carrera de Derecho, se hayan llenado de elementos de dudosa reputación ética y moral. Muchos curtidos en la delincuencia, optan por hacerse abogados o buscan enrolarse y alcanzar altos rangos en la institución del orden.

A pesar de su “reivindicación”, social y políticamente, estas personas deben quedar impedidas de ocupar cargos de relevancia en el Estado. Ese relajo institucional, permite que oficiales cancelados por inconductas en el desempeño de sus funciones, al producirse un cambio de gobierno, aleguen que fueron expulsados por asuntos políticos, siendo reintegrados y nombrados en posiciones importantes.

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