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Periodista Juan TH.

Juan TH

Especial/Caribbean Digital

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Hipólito Mejía ganó la Convención del PRD como habían pronosticado casi todas las encuestas que se realizaron en los últimos meses.  Ganó porque era el mejor candidato, el de más experiencia y capacidad, el que tenía el mejor discurso, las mejores propuestas, carisma y buena comunicación con la gente.

Periodista Juan TH.

Hipólito se convirtió en un fenómeno  digno de estudiar por la ciencia social, porque de la nada (el “2% y nunca jamás”) logró ganar un proceso duro y difícil. ¡Su  repunte fue espectacular! Ganó en buena lid, como lo hacen los grandes.

Decir ahora que Hipólito ganó porque 200 mil militantes del PLD, por orden expresa del Presidente de la República, votaron a su favor, no tiene sentido, a menos que no se trata de una excusa para justificar los resultados adversos. En vez de intentar crear una crisis, Miguel  ha debido reconocer, como lo hizo cuando perdió de Leonel Fernández, la victoria “del compañero Hipólito Mejía”, y el trabajo arduo de la Comisión Organizadora de la Convención. Ese gesto lo hubiera enaltecido y colocado en otra dimensión política y humana.

Durante la campaña Miguel montó un operativo de fin de semana para contra restar la creación de los “Comités Afectivos” de Hipólito que habían organizado más de 500 nuevos votantes. En esa ocasión el grupo de Miguel anunció, con combos y platillos, que logró inscribir 523 mil personas. Significaba que entre ambos habían organizado más de un millón de personas. Ahora resulta que el medio millón de Miguel si podían votar, pero el medio millón de Hipólito no.

Por otro lado, el Padrón fue aprobado por las partes. Miguel era partidario de que fuera semi-abierto. Es decir, podían votar todos los ciudadanos que no aparecieran en el Padrón del PLD ni del Partido Reformista. Eso justamente fue lo que se hizo. (¿?)

Y como si fuera poco, la Comisión Organizadora de la Convención fue consensuada a la hora de su escogencia. En las provincias y municipios por igual, los miembros fueron consensuados. En cada Comisión Hipólito tendrían dos  y  Miguel dos. La democracia estaba garantizada. El Padrón se depuró, como se acordó. ¿Cómo es que ahora, después de los resultados negativos, Miguel alegue que el gobierno, no Hipólito, le hizo fraude porque supuestamente votaron 200 mil del PLD? Me pregunto, ¿dónde estaban los representantes de Miguel en las mesas electorales  cuando votaron esos 200 mil peledeístas? ¿Cómo, si la gente no anda con un letrero en la frente Miguel ha podido, en apenas horas, identificar a los 200 mil peledeístas que votaron por Hipólito?

Mucha gente se pregunta, ¿dónde estaban los diputados, alcaldes, regidores, que mayoritariamente estaban con Miguel? ¿Dónde estaba la estructura partidaria que Miguel decía insistentemente que estaba bajo su control? Le respondo: Esos señores y señoras estaban en la calle buscando votos. Gracias a ellos Miguel obtuvo tan alta votación. Y gracias a ellos Hipólito no alcanzó 200 mil votos más de los que logró. Con toda esa estructura y con todo el dinero que se utilizó, se logró reducir mucho la diferencia, que sería entre 75 y 80%, contra un 20 o un 25%. Hipólito, no Miguel, era el candidato de la mayoría. Por eso ganó.

Hipólito respetó el pacto  de la unidad y respeto a los resultados. Miguel, en cambio, lo violó horas después con un spot insultante en contra de Hipólito. El día de las elecciones dijo que Hipólito era  el retroceso. Horas después  se declaró ganador sin haber ganado. El lunes volvió a decir que había ganado sin ni siquiera ofrecer números. Pero al mismo tiempo dijo que no aceptaba los resultados.  Hipólito en cambio, esperó los resultados oficiales, convencido de que sería el triunfador, como en efecto ocurrió.

El que ganó, ganó, y el que perdió, perdió. Ese es el juego de la democracia. En unas elecciones se gana o se pierde. Hipólito ganó. Miguel perdió. Así de simple, así de sencillo. Ahora es necesaria la reconciliación olvidando los agravios y las heridas de la campaña. Hipólito no es el candidato de un grupo, Hipólito es el candidato del PRD. Y el PRD es uno, no dos. Le toca a Hipólito, en su condición de candidato presidencial, llamar a la unidad y trabajar por la unidad para buscar la victoria el año próximo. Nunca como ahora tuvo más validez la expresión de Peña Gómez de que: “¡El PRD unido, jamás será vencido!” Y no olviden que: “El que divide traiciona”.

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